Opinión y hechos

Nuestro problema fundamental es la tremenda corrupción que padecemos.

El problema de México no se debe a que las drogas estén prohibidas. Algunos abogan por la liberalización del consumo de drogas o alguna fórmula semejante que deje de criminalizar el consumo, y otros más audaces pretenden que se permita ---como en el caso del alcohol---, la producción, trasiego y comercialización de las drogas, sobre todo de la marihuana, porque alegan que se trata de una droga benigna.

Quienes apoyan esos cambios en la legislación, para la solución del grave problema que padecemos con el narcotráfico y sus anejos ---léase la comisión sistemática de asesinatos y las variadas formas de delincuencia organizada---, cierran los ojos ante la realidad, porque es evidente que la ley en México no se cumple. Por lo que, lógicamente, tampoco se cumplirá lo que se apruebe en una presunta norma, para el consumo de la droga y de las demás actividades que necesitan legalizarse, para que el consumo sea una posibilidad real, como la producción y comercialización.

Algunos, en una posición aparentemente razonable, apoyan esas posibilidades aduciendo que debe comenzarse por permitir el uso de la marihuana para fines terapéuticos o medicinales. 

Para otros, esa posición parecería una trampa, porque este tipo de uso de la droga es un tema diferente. De hecho, la ONU, desde hace más de quince años aprueba el uso medicinal de la marihuana para ciertos fines específicos, como se ha hecho desde hace muchos años más con la morfina ---un opiáceo poderoso como analgésico aunque, finalmente, como muchas otras drogas, adictiva---.

Como es natural, para la marihuana medicinal los laboratorios tienen que trabajar con el fin de lograr presentaciones de medicamentos que contengan cannabinoides con la homogeneidad requerida, así como los experimentos e investigaciones que prueben, satisfactoriamente, sus efectos para el uso humano. Los resultados, razonablemente, deberían ser iguales o mejores a los obtenidos con otras sustancias.

Lo cierto es que en México tenemos el dudoso honor de ser el tercer país en la exportación de dinero negro, es decir, divisas generadas por actividades ilícitas. Nos encontramos tan solo detrás de los campeones que son China y Rusia. Las que lavan dinero son organizaciones de delincuentes ---no solo narcotraficantes sino tratantes de personas, contrabandistas, traficantes de armas…---, y políticos corruptos, como algunos de los mexicanos que roban inmensas cantidades de dinero y arman complejas estructuras para llevarlas al extranjero y gozarlas, impunemente.

Mientras tanto, los partidos políticos, sin excepción, lo único que hacen es “deslindarse” de aquellos miembros suyos que aparecen como presuntos delincuentes. Cuando mucho, alegan que están en desacuerdo con sus fechorías pero que son respetuosos del debido proceso y del principio de que todos somos inocentes hasta que se nos prueben los crímenes. Por eso esperarán a que las autoridades judiciales determinen si en verdad son delincuentes o no, como si ignoraran la dolorosa y escandalosa evidencia, cada vez más frecuente, de que las policías, ministerios públicos, jueces y magistrados actúan de acuerdo con intereses económicos y políticos, tomando sus decisiones al margen de la ley y la justicia. Una forma de corrupción innegable. BAM

 

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