Opinión y hechos

Necesitamos una Oposición firme, consistente y eficaz para equilibrar al gobierno.

Como se puede observar, se han dado hechos que parecieran confirmar la intención de los principales partidos de oposición --- el PAN y el PRD---, de intentar nuevos liderazgos, más jóvenes y, sobre todo, ajenos a los escándalos de corrupción, y a la militancia en grupos o corrientes que disputan el control interno de los partidos, dificultando de manera importante su operación democrática.

El PRD está en búsqueda de su nuevo presidente.

En el PRD se dio la sorpresiva, por inesperada, renuncia de su líder actual Carlos Navarrete. Fue una señal interesante, explícita, de que sacaba las manos para permitir una mayor transparencia y apertura en la elección de su sucesor. Fue un gesto significativo porque el guanajuatense representaba la tercera ocasión sucesiva, en la que la presidencia del PRD ha estado en manos de los “Chuchos”, es decir, de la corriente “Nueva Izquierda”.

El PAN tiene nuevo líder.

Un incentivo poderoso, aunque perverso, de los partidos, para incrementar su membresía, es precisamente el fortalecimiento de las camarillas que se apoderan de su estructura burocrática. Es ésta una maniobra demasiado frecuente, mediante la cual pequeñas minorías se hacen de un poder inmenso que no pasa por el escrutinio ciudadano. Incluso, en numerosas ocasiones, se ha instrumentado una acción fraudulenta para inflar los padrones partidistas.

La Oposición se enfrenta a una cierta regresión política.

Ya estuvimos observando, durante estos dos años y medio, que el PRI no va a cambiar los factores sustantivos que le han caracterizado durante toda su historia ---autoritarismo y paternalismo, corporativismo, presidencialismo, y una dosis enorme de arbitrariedad misma que, combinada con la impunidad, deviene en una corrupción sistémica---. Además, en esta nueva época, está acompañado de dos apéndices que juegan roles importantes para la “familia revolucionaria”, el Partido Verde y el PANAL.

El Partido Verde parecería una puerta falsa para que el PRI se adecue a las nuevas circunstancias políticas.

Es evidente el rol asignado al Partido Verde, por parte de la “familia revolucionaria”, como aliado incondicional del PRI en el juego electoral. Esta situación ha quedado más evidente conforme se han llevado a cabo las elecciones más recientes, desde 2012, hasta las intermedias de este año.