Preámbulo

Derechos Humanos. Un enfoque “políticamente incorrecto”. Segunda parte.

La familia y el matrimonio no son instituciones que hayan sido generadas por las leyes. 

Las consideraciones de los beneficios de la familia y el matrimonio, para la sociedad, no son únicamente de carácter religioso como algunos pretenden. La riquísima experiencia civilizatoria está soportada por la evidencia de las ciencias sociales: La cultura del matrimonio no es fruto de la acción de los gobiernos o del Estado, porque les precede, sino de las propias familias, las comunidades y la sociedad en su conjunto. Forma parte de los usos y costumbres, milenarios, provenientes de nuestras dos raíces, la indoamericana y la europea.

Sin embargo, no podemos ignorar que las leyes y las políticas públicas pueden y deben fortalecer y soportar la institución del matrimonio, con las características propias que le proporcionan su especificidad, evitando su deformación y, por ende, su deterioro, menosprecio y destrucción. Esto es lo que debiera ocurrir en un Estado de derecho como el que debe regir en México.

Los niños tienen el derecho de ser adoptados en una familia armónica.

Los niños no pueden ser conejillos de Indias. No se necesitan estudios científicos vastos para concluir, lógicamente, lo que es evidente, y sospechar que los niños desarrollados por parejas del mismo sexo pueden experimentar desajustes semejantes a los de sus padres putativos: grandes dificultades en la definición de su propia identidad, su vida sexual, su relación con las personas ajenas que aparecen como sus progenitores, sus perspectivas maritales como adultos, así como su ubicación entre los demás niños y jóvenes que han tenido la fortuna ---que debería ser una realidad accesible para todos---, de haber sido acogidos en una familia tradicional.

Las nuevas leyes lesionan gravemente los derechos humanos de los niños y de los padres.

Las nuevas leyes que pretenden imponer, en el DF, desconocen el derecho de los padres de familia a dirigir a los hijos menores, bajo su tutela mediante la autoridad natural en la familia. Pero, cuando las autoridades ---aún en contra de la opinión de los progenitores, e incluso en contra de la de los menores que los legisladores suponen capaces de autodeterminación en materias harto delicadas---, juzguen, discrecionalmente, que algo está incorrecto y que se están violando los derechos de los menores ---aun cuando ni sus padres ni ellos acepten la existencia de tales afectaciones, porque estén en desacuerdo con esos criterios ideológicos---, las autoridades podrían, de acuerdo con la ley, de manera totalmente arbitraria, decidir por ellos.

Análisis:

La trascendencia de la familia bien constituida, en los ámbitos político y social, es innegable.

Si la familia tradicional no existiera, nos veríamos en la necesidad de inventarla.

Las nuevas leyes de la Asamblea Legislativa del DF, son perniciosas.

Los miembros de la Asamblea Legislativa del DF pretenden erigir una dictadura legal.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar