Preámbulo

Economía. Las repercusiones políticas de los problemas económicos.

El petróleo ya no es una solución para México.

Aun cuando ya no tenemos una economía dependiente del petróleo ---porque en nuestras exportaciones actuales significa únicamente el 10% de ellas y los hidrocarburos han sido sustituidos por importantes exportaciones no petroleras, las más notables, quizás, de la industria automotriz, autos y partes---, para el gasto público todavía los ingresos petroleros responden por un 25% del presupuesto.
En 2008, el barril del petróleo estaba a 20 dólares, y en 2015, después de haber subido hasta 120 dólares, ha vuelto a bajar, hasta los mismos 20 dólares.
Los mensajes del gobierno ocultan y minimizan los problemas económicos y su origen.

Como siempre, el gobierno hace declaraciones poco claras y se disculpa del incremento de su deuda aduciendo razones que, sin llegar a ser falsas, reflejan situaciones insostenibles en el mediano plazo. Por ejemplo, aun cuando el déficit público ha sido de 3.5% del PIB durante lo que va del sexenio ---el nivel más alto en casi tres décadas---, la Secretaría de Hacienda, a través de Luis Madrazo de la Unidad de Planeación Económica, dice que si no se consideraran las inversiones de alto impacto, el déficit sería de tan solo 1% del PIB, ¡con lo cual se estarían cumpliendo las metas aprobadas por el Congreso!…
Para el 2016 se espera un nivel de deuda de 47.8% del PIB. Y, como siempre, van pateando hacia adelante los compromisos, de tal manera que ahora dicen que en 2018 se estabilizará la deuda.
Los gobiernos y los empresarios debieran ajustar su conducta a las nuevas exigencias de la globalización.

Las necesidades de la nueva economía obligan a los políticos a revisar sus bases a fondo. Los esquemas liberales ortodoxos defendidos como dogmas, a capa y espada, que han beneficiado, sin duda alguna, a pocos, han mantenido más o menos estables a muchos y han hundido en la pobreza a enormes poblaciones ---porque en sus afanes individualistas, ayunos de solidaridad, han promovido las concentraciones y los oligopolios, haciendo pedazos una competencia equitativa y real---, están siendo golpeadas de manera inclemente por la realidad, haciendo pedazos las teorías del mercado libre que se regula a sí mismo.
El bien común, el bien general de los pueblos exige, desde luego, que los gobiernos respeten las leyes de la economía evitando la demagogia, pero también les obliga a corregir el rumbo eludiendo, con eficacia, las tremendas concentraciones en las finanzas, en las comunicaciones, en la producción y comercialización de productos y servicios.

Muy a pesar de los dogmas económicos, se tiene que volver a la consideración de la primacía de las personas, las familias y las empresas, por encima de los monopolios, y de las entidades financieras. Y también de los gobiernos que debieran bajar drásticamente sus gastos, disminuir sus déficits hasta prácticamente anularlos y limitarse a gastar lo necesario para gobernar bien, dejando suficiente margen de libertad para que la iniciativa de millones de empresas de todos los tamaños, especialmente las pequeñas, cumplan con su cometido de generar trabajo y riqueza, fortaleciendo la economía real con los bienes y servicios derivados de su actividad.

Análisis:

En México estamos enfrentando problemas económicos serios.

La deuda y el déficit hacen peligrar nuestra estabilidad.

Nuestras reformas estructurales no son suficientes, ni fueron oportunas.

Las democracias fallan y los populismos se multiplican.

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